miércoles, 11 de febrero de 2009

Telefonía 3G, WIFI y Hollywood

Aunque a simple vista parece que no existe ninguna relación tecnológica entre la telefonía 3G, el bluetooth y las conexiones WIFI con el cine, resulta que dichos inventos (entre otros) nunca hubieran existido de no ser por una actriz de origen austriaco llamada Hedy Lamarr (1913 - 2000).

Hedy Lamarr era una chica superdotada que empezó sus estudios de ingeniería con apenas 16 años, aunque pronto lo dejó para trabajar como actriz. Posteriormente retomó sus estudios y en el año 1942, ya en Estados Unidos, presentó una patente (firmada con su apellido real, Kiesler) para un dispositivo de salto de frecuencia, mientras proseguía con su carrera cinematográfica.

En esencia, se trataba de un sistema para permitir comunicaciones seguras por radio (era la época de la 2ª Guerra Mundial y Lamarr era una convencida antinazi), de tal forma que el emisor y el receptor, en vez de usar una frecuencia fija, fácil de interceptar, la cambiaban continuamente, de forma sincronizada.

En los años 90 del siglo pasado los ingenieros se enfrentaban a un problema en el desarrollo de las comunicaciones inalámbricas. Varios equipos de la misma red transmitiendo simultáneamente pueden interferirse mutuamente, de tal forma que a los receptores no les llega nada. Para evitar el problema, sería necesario que el equipo transmisor tuviese que esperar a que el canal quedase libre para empezar a transmitir. Pero estos sistemas de regulación de tráfico eran lentos e ineficientes.

La solución llegó cuando se desempolvó la patente de Lamarr. Desde entonces, los equipos de transmisión inalámbrica van cambiando de forma aleatoria la frecuencia de emisión, de tal forma que la probabilidad de que dos transmisores empleen simultáneamente la misma frecuencia es prácticamente nula. Para que los receptores puedan captar la señal, deben estar escaneando continuamente todas las frecuencias de transmisión posibles. De este modo, los errores de transmisión son tan escasos que pueden ser manejados fácilmente con protocolos sencillos de detección y corrección de errores.

Así, una actriz e inventora europea, trabajando para el gobierno estadounidense durante la segunda guerra mundial, resolvió, sin ser consciente de ello, el problema de las comunicaciones digitales inalámbricas del siglo XXI.


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